Julius maneja, es un decir, nuestro auto y su conducción tiene el efecto secundario de remover el escaso alimento que he tomado antes de partir y con su agudo sentido de orientación acabamos en los muelles en lugar de Harlem pero tras un par de amenas peripecias más llegamos a nuestro lugar de reunión.
Conforme al plan preestablecido anteriormente, nuestro vehículo se sitúa frente al callejón donde debemos recoger al Sr. Silas mientras que el segundo auto se sitúa a una distancia prudencial y con una línea de visión nítida hacia nosotros. Es la hora de la reunión y el Sr. Silas no aparece, el callejón consta de todos los ingredientes adecuados a la ubicación en la que nos encontramos: Escasa iluminación, cubos de basura caídos con su contenido esparcido por los alrededores y un par de indigentes, Icaros a los que la Gran Depresión hizo fundir la cera de sus alas, no consiguieron remontar su vuelo vital y que acabaran probablemente sus vidas en estos callejones, verdaderas cloacas a cielo abierto de la gran ciudad.
La situación me empieza a poner tenso como una cuerda de violín cuando de repente una puerta en el callejón se abre y la cabeza del Sr. Silas aparece bajo la única iluminación existente, haciendonos señas a John y a mí para que nos acerquemos. ¿No se suponía que debíamos recogerlo y marcharnos? Tras intercambiar miradas, John y yo nos vamos acercando lentamente mientras voy controlando en la medida de lo posible los elementos del callejón que me dan la sensación de cobrar vida a medida que nos acercamos.
Cuando nos encontramos frente a la desvencijada puerta, un amable Sr. Silas nos invita a pasar al interior. En ese momento observo que uno de los indigentes hace un ligero movimiento de brazo como si estuviese desenfundando algún objeto, inmediatamente detengo a John mientras mi mano se aferra a mi revolver dentro del gabán. El Sr. Silas sigue retrocediendo hacia el oscuro edificio mientras nos sigue haciendo señas de que le sigamos al interior y en ese momento todo entra en un torbellino de acontecimientos. De la calle desde donde nos hemos adentrado en el callejón se escucha el potente ruido de aceleración de un automovil y posteriormente un ligero olor a caucho quemado, en ese mismo instante el presunto indigente que despertó mis sospechas salta hacia mí con una especie de machete en su mano e instintivamente disparo, sin éxito, sobre él. John parece despertar de su letargo y empuñando su arma se encara con mi atacante y le descerraja un tiro a bocajarro en el pecho pese a lo cual el asaltante no detiene su avance y el filo del machete pasa a escasos centímetros de mi brazo derecho.
Vemos pasar el automovil conducido por Tony por encima de la acera a toda velocidad, entre nuestro vehículo y la entrada del callejón, dejando tras de sí lo que parece ser un rastro de sangre y escuchamos un disparo. Por nuestra parte, las cosas no parecen ir nada bien ya que desde las sombras aparecen otros dos salvajes portando sendos machetes y cargan hacia John, éste se gira hacia ellos sin dudar y el disparo consiguiente le levanta a uno de ellos la tapa de los sesos, que quedan esparcidos por la pared del callejón, por mi parte disparo sobre mi atacante y el afortunado disparo le impacta en el brazo que portaba el machete, consiguiendo que éste caiga al suelo pero a pesar de ello el salvaje sigue intentando atacarme. En ese momento aparece Tony cargando contra el enemigo de John cual caballero cruzado en Tierra Santa, llevando aferrada a su mano la tapa de uno de los cubos de basura a modo de escudo y consiguiendo desequilibrar al atacante.
Por fin mi atacante cae al suelo desangrándose lentamente y al girar la cabeza sólo tengo tiempo para ver como John descarga dos disparos sobre su otro atacante y acaba con su resistencia, cuando vamos a ver lo sucedido fuera del callejón aparecen Henrietta y Julius que han conseguido acabar con otro atacante.
Milagrosamente la situación se ha estabilizado pero en estos momentos la adrenalina hace efecto en mí e insto a perseguir y dar caza al infame Silas por el interior del edificio en ruinas. Tras unos momentos de duda y tras proveernos de una linterna entramos en el edificio, pero me temo que hemos perdido unos momentos preciosos.
¡Si lo atrapamos voy a demostrarle a ese malnacido el porque de mi Matricula de Honor en Anatomía Patológica Médica!

