Tras escoger para mi reunión en casa de la
Srta.
Carlyle un elegante traje de
tweed azul oscuro, una camisa clara y una corbata de seda, llamo a
Nestór para que prepare el
automóvil y nos encaminamos hacia nuestra cita. El clima es
frío y los campos se ven
desangelados bajo una ligera capa de nieve. Tras unos treinta minutos de viaje llegamos a nuestra destinación, la propiedad de los
Carlyle, rodeada por un muro de piedra y con una alta puerta de hierro forjado que cierra en estos momentos nuestro camino.
Nestór baja del
automóvil y llama al timbre, tras unos minutos a la intemperie veo bajar una figura desde la mansión, situada sobre una leve colina en la propiedad, es la
Srta. Post, la Secretaría de
Mrs.
Carlyle. Tras llegar hasta la puerta y saludarnos
cortésmente me indica que la
Srta.
Carlyle no desea recibirme ni hablar de ningún asunto con nosotros y que abandone la finca.
Observando con perspectiva la situación creo que soy grosero con ella y recuerdo que le mencionó su posición de asalariada de la
Srta.
Carlyle, que mi intención es entregar un donativo que por su importancia no pienso enviar por correo aunque tampoco deseo
flashes y advertir a su dueña que existen personas que han accedido a la mansión como mínimo en una ocasión. Parece que he conseguido sorprenderla y me comenta que espere un momento mientras vuelve hacia la mansión. Tras diez largos minutos vuelve a la puerta y sin abrirla me indica que la
Srta.
Carlyle me recibirá el
próximo Lunes 4 de febrero, le agradezco su gestión y le entrego un sobre con un cheque de 1.000 $ para que lo haga llegar a la
Srta.
Carlyle. Me estoy imaginando la cara que pondría la mayoría de mis amigos ante un cheque de ese importe y
sonrío.
El sábado visito al buen
Tony y veo que esta mejorando rápidamente de sus heridas con este descanso y llamó a
Henrietta para invitarla el Domingo a un
Picnic mientras observamos el eclipse solar del que tanto hablan los
periódicos durante esta semana.
El Domingo
Henrietta acude al
picnic con unos extraños instrumentos que nos ayudaran a observar el
fenómeno y con
Julius, que se ha apuntado en el último instante. Estamos esperando un buen rato a que se produzca el
fenómeno mientras
Henrietta nos deleita con sus explicaciones sobre el
fenómeno y su cara refleja el entusiasmo que siente con su trabajo. ¡Es afortunada, puede explicar los pormenores de su profesión sin que entre sus interlocutores aparezca una mezcla de vértigo, aversión y asco!
Julius sale a estirar las piernas y cae en un hoyo lleno de nieve, por lo que se moja sus zapatos y parte de sus pantalones. Para evitar males mayores decidimos dar por concluida la jornada de
picnic para evitar que el buen
Julius tenga una pulmonía y durante el viaje de vuelta hacia Nueva
York se puede observar como la luz se vuelve más tenue por el eclipse pero no podemos observarlo. Afortunadamente el eficiente
Tony ha hecho unas fotografías y me entrega una de ellas mientras su madre que lo esta visitando me explica, a toda velocidad y con las mismas gesticulaciones que los "fontaneros" que conocí esta semana, que los eclipses pueden afectar a las personas sensibles y pueden hacerles cambiar transitoriamente su
carácter.
Tras pensar durante unos instantes creo que tiene razón y me siento mucho mejor.